jueves, 7 de septiembre de 2017

LA RUPTURA DEL LINAJE MATERNO Y EL PRECIO DE VOLVERSE AUTÉNTICA


Por  Bethany Webster

Una de las experiencias más duras que puedes tener como hija en la relación con tu madre es darte cuenta de que ella está inconscientemente involucrada en tu insignificancia. Ante este sentimiento, es verdaderamente desgarrador ver que, más allá de su propia herida, la persona que te dio a luz siente, inconscientemente, tu empoderamiento como una pérdida propia. En el fondo no es una tragedia personal, sino de nuestra cultura patriarcal, que dice a las mujeres que somos “menos que ellos”.

Todas deseamos ser auténticas, ser vistas tal como somos, ser aceptadas, y ser amadas por lo que  realmente somos. Es una necesidad humana. Lo cierto es que el proceso de convertirnos en nosotras mismas implica ser complicadas, fuertes, intensas, asertivas y complejas, cualidades que el patriarcado pinta como poco atractivas en una mujer. Históricamente, nuestra cultura ha sido reacia a la idea de las mujeres como seres individuales. 
El patriarcado identifica a las mujeres atractivas como seres complacientes, que buscan ser aprobadas, cuidan las emociones, evitan el conflicto y toleran el maltrato. En cierta medida, las madres transmiten esta imagen a sus hijas, y hacen que inconscientemente se construyan un falso yo, a menudo  a través de la máscara de “la rebelde”, “la solitaria” o “la niña buena”. El mensaje principal es “Para ser amada no debes crecer”. Sin embargo, las nuevas generaciones  de mujeres tenemos el deseo de ser auténticas. Se podría decir que, con cada nueva generación, el patriarcado se debilita y el deseo de ser auténticas se va fortaleciendo entre las mujeres, de hecho, está empezando a ser urgente.

El anhelo de ser auténtica y  la añoranza de la  madre es un dilema para las hijas criadas en el patriarcado. El anhelo de ser tú misma y el anhelo de ser cuidada, se convierten en necesidades que compiten entre sí, parece que tengamos que elegir entre una de las dos. Esto sucede porque tu empoderamiento está limitado en la medida en que tu madre ha internalizado las creencias patriarcales y espera que tú las acates. La presión de tu madre para que no crezcas depende principalmente de dos factores: 1) el grado en que ella haya internalizado las creencias patriarcales limitantes de su propia madre y 2) el alcance de sus propias carencias por estar divorciada de su yo verdadero. Estas dos cosas mutilan la capacidad de la madre de iniciar a su hija a su propia vida.

El costo de convertirte en tu ser auténtico a menudo implica cierto grado de “ruptura” con el linaje materno. Cuando esto sucede, se  rompen los hilos patriarcales del linaje materno, algo esencial para una vida adulta sana y poderosa.  Por lo general se manifiesta en alguna forma de dolor o conflicto con la madre. Las rupturas del linaje materno  pueden adoptar diversas formas: desde conflictos y desacuerdos hasta distanciamiento y desarraigo. Es un viaje personal y es distinto para cada mujer. Básicamente, la ruptura sirve para la transformación y la sanación. Forma parte del impulso evolutivo del despertar femenino para empoderarse con más consciencia. Es el nacimiento de la “madre no patriarcal” y el comienzo de la verdadera libertad e individualización.

Por una parte, en las relaciones madre/hija más sanas, la ruptura puede provocar un conflicto, pero en realidad sirve para fortalecer el vínculo y hacerlo más auténtico. 
Por otra parte, en las relaciones madre/hija agresivas y menos sanas, la ruptura puede desencadenar heridas no sanadas en la madre, y provocar que esta arremeta contra su hija o la repudie. Y en muchos casos, desafortunadamente, la única opción de la hija será mantenerse a distancia indefinidamente para conservar su propio bienestar emocional. Así, en vez de ver que es el resultado de tu deseo de crecimiento, la madre puede sentir tu alejamiento/ruptura como una amenaza, un ataque personal y directo hacia ella, un rechazo a quien es ella. Ante esta situación, puede resultar desgarrador constatar que tu deseo de empoderamiento o de crecimiento personal puede hacer que tu madre, ciegamente, te vea como una enemiga.
 En estas situaciones podemos ver el alto precio del patriarcado en la relaciones  madre/hija.
“No puedo ser feliz si mi madre es infeliz” ¿Has sentido esto alguna vez?

Generalmente, esta creencia procede del dolor que te causa ver a tu madre sufrir por sus propias carencias y la compasión que te produce su lucha bajo el peso de las demandas del patriarcado. Sin embargo, cuando sacrificamos nuestra propia felicidad por la de nuestras madres, en realidad impedimos la sanación necesaria que produce llorar la herida en nuestro linaje materno. Esto solo provoca el estancamiento de ambas. Por mucho que lo intentemos, nosotras no podemos sanar a nuestras madres, y no podemos conseguir que nos vean tal como somos. El duelo es lo que trae la sanación. Tenemos que llorar por nosotras y por nuestro linaje materno. Este duelo trae consigo una gran liberación.
 Con cada oleada de duelo re-integramos aquellas partes de nosotras a las que tuvimos que renunciar para ser aceptadas por nuestras familias.

Hay que romper los sistemas enfermos  para poder encontrar un nuevo equilibrio, mucho más sano.  Es una paradoja que sanemos nuestro linaje materno al alterar los patrones patriarcales, y no al mantenernos cómplices de los mismos para conservar una paz superficial. Hay que tener agallas y coraje para negarse a seguir acatando patrones patriarcales que tienen una gran fuerza generacional en nuestras familias.
Dejar que nuestras madres sean seres individuales nos libera (como hijas) para ser seres individuales.

Las creencias patriarcales promueven un nudo inconsciente entre madres e hijas, en el que solo una de ellas puede tener el poder. Es una dinámica de “una de las dos” basada en la escasez que deja a ambas sin poder alguno. Para las madres que han sido especialmente privadas de su poder, sus hijas pueden convertirse en “el alimento” de su identidad atrofiada y en el vertedero de sus problemas. Debemos permitir que nuestras madres recorran su propio camino y dejar de sacrificarnos por ellas. Estamos siendo llamadas a transformarnos en auténticos seres individuales, mujeres liberadas de las creencias del patriarcado, y a reconocer nuestro valor sin avergonzarnos. Aunque parezca una paradoja, nuestra propia individualidad es lo que contribuye a una sociedad sana, completa y unida.  

Tradicionalmente, a las mujeres se nos ha enseñado que es noble cargar con el dolor de los demás; que el cuidado emocional es nuestro deber y que deberíamos sentirnos culpables si nos desviamos de esta función. En este contexto, la culpa no tiene que ver con la consciencia sino con el control. Este sentimiento de culpa nos mantiene atadas a nuestras madres, nos debilita y hace que  ignoremos nuestro poder. Tenemos que darnos cuenta de que no hay ningún motivo real para sentirnos culpables. El rol de cuidadora emocional nunca ha sido un rol genuinamente nuestro, simplemente forma parte de nuestro legado de opresión. Si lo miramos así, dejaremos de consentir que la culpa nos controle.

Abstenernos del cuidado emocional y dejar que la gente aprenda sus propias lecciones es una forma de respetarnos a nosotras mismas y de respetar a los demás.
Nuestro “sobre-funcionamiento” contribuye al desequilibrio de nuestra sociedad y desempodera activamente a los demás impidiendo su propia transformación. Debemos dejar de cargar con los pesos de los demás. Y esto se hace viendo lo inútil que es. Y tenemos que oponernos a ser las guardianas y los vertederos emocionales de aquellos que se niegan a hacer el trabajo necesario para su propia transformación. 
Contrariamente a lo que nos han enseñado, no tenemos que sanar a toda nuestra familia. Sólo tenemos que sanarnos a nosotras mismas.

En vez de sentirte culpable por no ser capaz de sanar a tu madre ni a los otros miembros de tu familia, date el permiso de ser inocente. Si lo haces, recuperas tu construcción personal y el poder que te quitó la herida materna. Y en consecuencia, devuelves  a tus familiares el poder de seguir su propio camino. Se trata de un gran cambio energético que se da al apropiarnos de nuestro valor y se ha demostrado que podemos conservar nuestro poder a pesar de los llamamientos a entregarlo a los demás. El precio de transformarnos en auténticas  nunca es tan alto como el precio de permanecer en un “yo” falso.
Es posible que nuestras madres (y nuestras familias) nos den la espalda cuando nos convirtamos en más auténticas. Podemos sentir hostilidad, rechazo, rabia, y una denigración total. Puede ser que todo el sistema familiar sienta el terremoto. Y puede resultar asombrosa la rapidez con la que nos pueden rechazar o abandonar cuando dejamos de sobre-funcionar y expresamos nuestro auténtico ser.

En su artículo “Mindfulness and the Mother Wound”, Phillip Moffitt describe las cuatro funciones de una madre: Nutrir, Proteger, Empoderar e Iniciar. Según Moffit, el rol de la madre como iniciadora “es el aspecto más desinteresado de los cuatro, porque alienta una separación que la dejará sola”. Es una función muy profunda, también para aquellas madres que hayan sido apoyadas y honradas, y casi imposible de desempeñar para las madres que han sufrido un gran dolor y que no han llegado a sanar suficientemente sus propias heridas.

El patriarcado limita severamente la capacidad de la madre de iniciar a su hija en su propia construcción personal, porque en el patriarcado, la mujer ha sido privada de su propia construcción. El patriarcado conduce al auto sabotaje de la hija, a la misoginia del hijo, y a la falta de respeto del lugar del que procedemos, la misma tierra.

Es precisamente esta función de la madre como la “proveedora de la iniciación” lo que lanza a la hija a vivir su propia vida, pero este rol es solo posible en la medida que la madre haya experimentado o vivido su propia iniciación. Pero los procesos sanos de separación entre madres e hijas están muy boicoteados en la cultura patriarcal.
 El problema es que muchas mujeres se pasan la vida entera esperando que su madre las empuje a vivir sus propias vidas, cuando sus madres son simplemente incapaces de hacerlo.
 Es muy habitual ver cómo se pospone el duelo de la herida materna en mujeres que constantemente regresan al pozo negro de sus madres, buscando un permiso y un amor que ellas simplemente no tienen la capacidad de dar. En vez de completar este duelo, muchas mujeres tienden a culparse, y esto las bloquea. Tenemos que lamentar que nuestras madres no puedan ofrecernos una iniciación que ellas nunca recibieron y embarcarnos conscientemente en nuestra propia iniciación.

La ruptura es en realidad una señal del impulso evolutivo de separar los hilos patriarcales de nuestro linaje materno, de romper la atadura inconsciente a nuestras madres que ha potenciado  el patriarcado y ser iniciadas en nuestras propias vidas.
Mi trabajo de ayuda a las mujeres a sanar su herida materna consiste en acompañarlas a salir de este ciclo de auto-culpabilidad y a hacer el duelo necesario para que puedan reivindicar su poder y potencial. Una parte de este proceso es aceptar este profundo dolor existencial, para poder iniciarnos en la libertad y la creatividad de nuestras propias vidas. Y al final, este dolor da paso a una compasión genuina y a la gratitud hacia nuestras madres y a las madres de nuestras madres.

Es importante ver que, al rechazar las creencias patriarcales que dicen que para ser aceptadas deberíamos permanecer pequeñas, no estamos rechazando a nuestras madres. Lo que en realidad estamos haciendo es reivindicar nuestra fuerza vital, libres de patrones impersonales y limitantes que han mantenido a las mujeres secuestradas durante siglos.

Aunque seamos mujeres adultas, añoramos a nuestra madre. Puede ser desgarrador sentir este anhelo y saber que nuestra propia madre no puede satisfacerlo, aunque hizo lo que pudo. Es importante enfrentarse a este hecho y llorarlo. Tu anhelo es sagrado y debe ser honrado.  Dejar un espacio para el duelo es una parte importante de ser una buena madre para ti misma. Si no hacemos un duelo sincero de nuestra necesidad insatisfecha de cuidado maternal, inconscientemente interferirá en nuestras relaciones, causando dolor y conflicto.
El proceso de sanar la herida de la madre implica hallar tu propia iniciación al poder y propósito de tu vida.
No se trata de un trabajo de superación personal cualquiera. Sanar la herida de la madre es esencial y fundamental; es un trabajo en profundidad que te transforma interiormente y te libera, como mujer, de cadenas centenarias heredadas de tu linaje materno. Tenemos que desintoxicarnos de los hilos  patriarcales en nuestro linaje materno para avanzar en nuestro empoderamiento.

A medida que más mujeres sanamos nuestra herida materna y damos un paso firme y consciente hacia nuestro poder, encontramos por fin la iniciación que estábamos buscando. Así nos volvemos capaces de iniciar, no sólo a nuestras hijas, sino, también a nuestra cultura, como un todo que está experimentando una gran transformación. Estamos siendo llamadas a encontrar en lo más profundo de nosotras aquello que no se nos dio. Al reclamar nuestra propia iniciación mediante la sanación de la herida materna, juntas, al unísono, encarnamos cada vez más a la diosa que está dando a luz a un nuevo mundo.
 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

CINCO PILARES DEL AMOR EN LAS PAS

Valeria Sabater, Psicóloga y colaboradora en "La mente es maravillosa" 
La alta sensibilidad es un rasgo, un don que a veces abruma, desborda y hace que te sientas como en una isla solitaria rodeado por un océano lleno de alfileres…
La Alta Sensibilidad fue descrita por primera vez en 1975 por la psicóloga americana Elaine Aron. Su idea era ahondar en los rasgos de la introversión, descubriendo de pronto algo muy llamativo.
La personalidad introvertida no disponía de un patrón clásico y común en todas las personas. De hecho, a día de hoy y gracias a la investigación de Jonathan Check, sabemos que hay 4 tipos muy diferentes entre sí.

Por su parte Elaine Aron, en su libro “The highly sensitive person”, nos explica que una de cada cinco personas es Altamente Sensible, no se trata pues de un rasgo dentro de la propia introversión. En absoluto: es un tipo más de personalidad.
Experimentar la tristeza o la alegría con mayor intensidad, sentir el sufrimiento ajeno, ser muy intuitivos ya desde nuestra infancia, disfrutar de la soledad, ser muy sensibles al dolor, a la luz o sonidos intensos...
Todo ello son rasgos que suelen definir a las personas altamente sensibles, las cuales, no suelen saber que lo son hasta que son adultos. Hasta que la vida, les ha hecho ver que parecían ir siempre a“contracorriente”.
Ahora bien, dentro de todas estas dimensiones, hay una emoción que las PAS, viven de una forma más compleja. Estamos hablando del amor.
¿Cómo mantener una relación con una persona que no siente las cosas con la misma intensidad que nosotros? ¿Cómo gestionar toda esa amalgama de emociones sin perder el equilibrio?
¿Cómo afrontar una desilusión o un fracaso? Te damos 5 claves para que las tengas muy en cuenta.

1. El amor a uno mismo

El amor, el respeto a uno mismo es un pacto que debe durar toda la vida. Si hay algo que es cierto, es que la persona altamente sensible, ha pasado mucho tiempo “sintiéndose diferente“, “sintiéndose casi un bicho raro”.
¿Por qué te tomas las cosas tan a la tremenda? ¿Pero por qué eres tan sensible si no ha pasado nada?
Es muy posible que estas frases te sean conocidas. Al final, si a lo largo de mucho tiempo siempre hemos recibido los mismos reproches de nuestras parejas y del resto de personas, lo más probable es que nuestra autoestima se debilite. Debes pensar que la alta sensibilidad no es algo que tienes. ES LO QUE ERES. Y como tal, debes aceptarlo, porque asumiendo ese don te aceptas también a ti mismo/a.
Puede que estés cansado/a de sufrir, de ver cómo los demás van en una dirección, y tú avanzas a contracorriente. Deja de apegarte al sufrimiento, libérate de las emociones negativas y acéptate con toda tu plenitud, valorando todas tus facultades positivas.
La vida de una persona con alta sensibilidad, puede ser maravillosa, intensa y sutil, porque se experimenta desde su corazón

2. Acepta que los demás no puedan experimentar las cosas a tu misma intensidad

Es muy posible que te hayas sentido frustrado/a porque tus parejas no se daban cuenta de las mismas cosas que tú. No eran tan perceptivos, tan sensibles a los detalles, a las miradas…
Tú sabes leer en los gestos, atiendes cada aspecto, te preocupas por cada palabra y cada movimiento…
Sin embargo, tu pareja parece ser ciega a esos múltiples detalles. ¿Significa esto que te quiera menos? En absoluto.
El amor no se experimenta siempre de la misma forma, pero ello no quiere decir que no nos amen. Lo hacen, pero a su manera y tú a la tuya. Debes aceptar que no todo el mundo viste tu mismo traje ni lleva tus maravillosas gafas. Tu amas a otra escala, acepta que los demás lo hagan a la suya porque el amor seguirá siendo sincero.

3. Gestiona las emociones negativas, no permitas que te hagan prisionero

Cuando una PAS sufre una desilusión, cuando experimenta una ruptura, una traición o una mentira, su sufrimiento puede llevarle a la indefensión, y a una depresión. Si la felicidad y el amor se vive de una forma realmente intensa, el fracaso se experimenta de igual forma. Y la caída interior puede ser muy grave.
No lo permitas, acepta desde muy temprano la adversidad, la existencia del fracaso, el conocimiento de la tristeza… Entiende que la vida tiene estos agujeros negros en los que nunca deberás dejarte arrastrar. Haz que tus emociones sean el aliento de tu día a día, sé resiliente. Aprende de tus pérdidas

4. La sabiduría de la soledad

Si hay un aspecto en el cual, tienes ventaja, es en tu sabiduría de la soledad. Eres de esas personas que encuentran un gran placer estando solas, creando, leyendo, escuchando música…
Tienes un conocimiento interior muy vasto, sabes escucharte y atenderte. Sabes hilar el conocimiento de la soledad, porque en ella, te encuentras bien. Eres tú mismo en toda tu grandeza. Recuerda siempre que quien disfruta de la soledad y de sí mismo, no es dependiente de los demás. No tiene vacíos que llenar porque se ve a sí mismo seguro y realizado.
Elige a la persona con quien desees construir una vida, pero no desarrolles un apego obsesivo o dependiente. No te aferres. No pierdas el placer de tus instantes de soledad.

5. El amor a tu lado siempre merecerá la pena

El amor es una aventura que siempre merece la pena vivirse, y si es al lado  de las personas altamente sensibles, puede ser tan increíble como bella.
Tu aportas esa sinceridad que nace del corazón, que intuye y complace, que sabe afinar la felicidad al máximo y que no sabe de mentiras…
No cierres las puertas de tu corazón por haber vivido algún fracaso. Una vida que se experimenta desde el corazón tiene mucho que ofrecer al mundo.


BEBÉS DE ALTA DEMANDA



Fue el Dr. Sears el que acuñó el término Bebé de Alta Demanda, y estas son sus características:



– ABSORBENTE: ¿Sientes que tu bebé te “chupa” toda tu energía?

– DEMANDANTE: Si sientes que nunca llegas lo suficientemente rápido junto a él, sus demandas tienen un carácter de “urgencia” exagerada y a las 5 de la tarde todavía no te has podido duchar por atenderle.

– DESPERTARES FRECUENTES: Un bebé que necesita más de todo menos dormir; se despierta cada hora, por la noche puede ser desesperante. Y como se te ocurra toser o estornudar allí estará con sus ojitos abiertos.

–HIPERACTIVO: Relacionado con la intensidad arriba referida. Causa hipertonía muscular. Les va por ello muy bien el contacto físico, que les relaja.

– MUY SENSIBLE: Se excita con cualquier cosa. Están siempre en estado de alerta, ruidos normales les sobresaltan. Muy empáticos.

– IMPREDECIBLE: Lo que ayer funcionaba hoy no sirve. Deja de pensar qué estás haciendo mal.

– INSATISFECHO: Has probado todo y nada funciona ¿seré una madre incompetente? No, estos bebés son así, tendrás que jugar a prueba y error constantemente. Cuando atines con lo que le pasa, no te olvides de felicitarte.

–INTENSIDAD: Estos bebés ponen más energía en todo lo que hacen: lloran muy alto, comen vorazmente, sonríen con gusto y protestan con más fuerza si sus necesidades no son cubiertas a su satisfacción.

– MAMA FRECUENTEMENTE: Eso significa que hay días que dudas ¿me habré convertido en un chupete humano? Puede llegar a mamar cada hora, o cada 20 minutos, o cada… nadie le dijo a este bebé que los bebés maman con regularidad

– NO SE CALMAN SOLOS: No solo necesitan ayuda para dormirse, como cualquier bebé, también la necesitan para seguir dormidos.

– PIEL CON PIEL: No les basta con que mamá esté cerca, quieren tocarla, así que quieren brazos, dormir con ella… extraen del entorno el máximo contacto físico posible

– SENSIBLE A LA SEPARACIÓN: Parecen vivir en una eterna fase de angustia de separación.

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lunes, 4 de septiembre de 2017

HABLA UN HOMBRE ALTAMENTE SENSIBLE








El armario cerrado es un símbolo. Es cuando no puedes hacer frente a una situación en la que los demás te van a ver de forma diferente.
Para la mayoría de los hombres PAS, su sensibilidad es como estar en un armario cerrado con llave por fuera.
Nuestra sociedad hace una asociación de palabras que en realidad no significan lo mismo. Asocian sensibilidad con debilidad de una forma automática.
Esto se dio en una conversación que tuve con una persona de confianza, con un amigo de años, al cual le dije que yo soy PAS.
Su respuesta fue que siempre fui muy débil.
Hace unos días, en mi FB personal, puse una pequeña reseña con las definiciones de ambas palabras:
debilidad.
(Del lat. debilĭtas, -ātis).
1. f. Falta de vigor o fuerza física.
2. f. Carencia de energía o vigor en las cualidades o resoluciones del ánimo.
3. f. afecto2. Sentía por él una gran debilidad.
4. f. coloq. Sensación de hambre.
sensibilidad.
(Del lat. sensibilĭtas, -ātis).
1. f. Facultad de sentir, propia de los seres animados.
2. f. Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.
3. f. Cualidad de las cosas sensibles.
4. f. Grado o medida de la eficacia de ciertos aparatos científicos, ópticos, etc.
5. f. Capacidad de respuesta a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas.
Estas definiciones están sacadas de la RAE. Como podéis ver son totalmente distintas ambas palabras, solo la tercera acepción de debilidad puede ser la que motive la confusión de ambas palabras.
Vivimos en una sociedad de estereotipos, en el cual ambos géneros, tanto hombres como mujeres, tenemos nuestros privilegios y desventajas.
Hace unos meses estuve en unas Jornadas sobre Feminismo y en uno de los talleres, sobre masculinidad, se habló precisamente de ambos puntos de vista. Y la diferencia entre hombres y mujeres fue brutal, ya que en nuestros grupos si llegábamos a las diez propuestas era un milagro, mientras que en los grupos femeninos pasaban las diez con holgura (e incluso las veinte) las propuestas.
Tenemos muchos privilegios, es algo muy cierto, ya que la sociedad patriarcal en la que vivimos nos los da desde el momento en que nacemos, al contrario que las mujeres.
Pero si te sales de  ese canon fijado, las cosas pueden volverse un poco más vagas.
Como dije antes, el estereotipo de hombre es ser fuerte, decidido, sin complejos. Es falso, a todas luces, por que TODOS tenemos nuestras inseguridades, aunque muchos no se atrevan a expresarlas públicamente, ya que si lo haces lo menos que te dicen es que eres un calzonazos.
En cambio, la sensibilidad en las mujeres es algo que se supone viene de “fabrica”. Ellas si pueden serlo, pueden mostrarlo. En cambio nosotros no, ya que según ese tipo de la sociedad ese hombre seria “defectuoso”.
La sensibilidad en un hombre nos hace ser muy reflexivos, que muchas veces se confunde con timidez o retraimiento, pensar las cosas, intentar poner en una balanza los pros y contras.
Voy a muchas asambleas y reuniones, ya que mi militancia en Podemos me esta acercando a estas. Y he de decir que la mayoría de las veces no intervengo, ya que me gusta escuchar el punto de vista de unos y otros (es un gustazo escuchar a algunos compañeros que tienen una experiencia muy dilatada en algunos asuntos). Solo hablo cuando tengo algo realmente importante que decir, cuando, después de haber escuchado las partes, tengo mi propia opinión formada sobre el asunto a debatir.
Y he de reconocer que la mayoría de las veces suma, no resta.
Veo claramente que esa es nuestra tarea, escuchar, sopesar e intentar ser útiles. Muchas veces las ideas no son claras, o otros compañeros se adelantan en la reflexión. En esos casos no intervengo, me quedo callado y escucho como lo exponen.
¿Tenemos dificultades? todas, nuestro rasgo nos la impone. La sobreactivación es una de ellas, con la cual tenemos que aprender a vivir. La sensación de bloqueo es una de nuestras asignaturas pendientes, una de las causas por las que nos pueden llamar “débiles”.
Otra dificultad es nuestra zona de confort. Y esta es importante, ya que siempre nos quedamos en una zona segura, donde nadie nos pueda lastimar o dañar. Es un síntoma de que no estamos haciendo bien las cosas, de que debemos de salir de ella y explorar nuestro entorno tanto físico como emocional.
Las emociones es otro de los puntos en el cual nos pueden atacar. Son muy intensas, tanto que son las culpables muchas  sobreactivaciones. Nos ilusionamos con muchas cosas o personas y muchas veces caemos en la dependencia de ellas. Y eso es algo que, en parte, debemos evitar, ser dependientes. No por ello digo que no debamos sentir nada, si no que tenemos muchas veces que dejar de idealizar eso que queremos y reflejamos. Las películas que nos montamos en nuestras cabezas son muy fuertes.
Es complicado ser hombre y sensible, ya que muchas cosas te pueden tocar. Una de las cosas que he hecho es dejar de ver los telediarios por que no puedo soportar las noticias sin conmoverme y dejarme arrastrar por sentimientos que van desde la pena hasta la ira.
Y es que muchas veces, casi todas en redes sociales, me indigno por la forma en las cuales se tratan ciertos asuntos, en los cuales tengo que tomar muchas veces partido y en las cuales, muchas veces, soy como un pato de feria al que todos disparan. Y eso es una sensación que no se la deseo a nadie.
Siempre intento hablar desde la cordura y evitando la descalificación de los demás, aportando hechos. Algunas veces logro mi objetivo y otras veces puedo encontrarme con los troles de turno. En esos casos lo mejor es no discutir con ellos, ya que siempre tienen la sempiterna sabiduría y la razón en todo lo que dicen, pese a que muchas veces sus argumentos tienen poco o ningún fundamento. No pienso gastar mis energías con seres de ese tipo.
Creo que el armario cerrado es el mejor símbolo que nos define. La única forma que tenemos de salir de el es rompiendo la puerta, que simboliza las costumbres patriarcales y machistas que tiene esta sociedad. Si logramos hacerlo, creo que en un futuro podríamos hablar de una igualdad real entre todos.



viernes, 1 de septiembre de 2017

CÓMO HACERSE AMIGO DE LA ANSIEDAD


Cuando te sientas ansioso no pretendas no estar ansioso, porque eso alimenta la ansiedad, le añade una capa adicional. 

Aquello de lo que huyes siempre te persigue. No ocultes tu malestar ni te distraigas de él, ni finjas estar ‘bien.’ Comer, beber, ir de compras, empastillarte, hablar sin parar, silbar, andar de prisa en forma irracional, apresurarte para revisar tus mensajes o querer ponerte en contacto con tus amigos de inmediato, tratar de controlar todo lo que te rodea, darle vueltas y vueltas a la idea de 'yo y mi atareada vida,’ todas estas son formas de evitar el hecho de que estás ansioso, son formas de abandonarte cuando más lo necesitas. 

Respira. Siente tus pies en la tierra, tu vientre elevándose y relajándose con cada respiración. No pienses en tu ansiedad ni cómo deshacerte de ella - ese es el viejo paradigma. ¡Siente la ansiedad plenamente! Localízala en tu cuerpo - ¿se siente en tu barriga, en el pecho, en la garganta, en la cabeza? Olvida la palabra 'ansiedad’ (porque es una palabra de segunda mano) y siente directamente las sensaciones vivas que están ahí, momento-a-momento, sin intentar deshacerte de ellas o detenerlas, sin siquiera desear que desaparezcan. Date la oportunidad de ser curioso y ver lo que está vivo en tu cuerpo en este momento, las sensaciones físicas de este momento. Sal del pasado y el futuro y sumérgete en la presencia. Respira en las sensaciones, dignifícalas con tu aliento, con oxígeno, con vida, con tu amorosa atención. ¿Sientes mariposas en el estómago? ¿Tus músculos se sienten tensos? ¿Qué músculos? ¿Podrías brindarle a todo ello una amorosa atención y respirar allí? Hazles saber a las sensaciones que tienen permiso de estar aquí, que están incluidas en la vida, que finalmente no cuentas con ninguna agenda que pretenda destruirlas, que pueden quedarse, por ahora. Y que sólo hay el Ahora. 

Si los pensamientos están girando sin control y haciendo su fiesta, si hay demasiadas nubes de pensamiento en el cielo de la consciencia, es maravilloso. No intentes detener los pensamientos o silenciar todas esas voces, imágenes, recuerdos, fantasías, porque eso también te hará sentir más ansioso. Sólo los pensamientos querrían detener a los pensamientos. Sé el cielo, en donde las nubes de pensamiento pueden danzar. Los pensamientos no son la realidad, y no son lo que realmente eres. Son sólo sonidos e imágenes. Los pensamientos pueden dispararse hacia el futuro o el pasado, pero eso está bien - eso es lo que hace la mente, constantemente se regresa o se adelanta. Sin embargo tú estás aquí. Tú estás justo aquí; aquí es donde vive tu presencia. Deja que todos los pensamientos estén aquí, contigo, todos los sonidos, todos los sentimientos, todas las urgencias Incluso admite tus sentimientos de no-aceptación, tu prisa por escapar de este momento. Conforme tu cuerpo libera tensión, podrías encontrarte nervioso, bostezando, riendo, o hasta temblando, o simplemente descansando más profundamente… 

Si no puedes aceptarte a ti mismo como eres, entonces, ¿podrías aceptar plenamente tu incapacidad para aceptar? Y si no puedes aceptar eso, ¿serías capaz de ver que incluso tu incapacidad de aceptar es parte de la vida, parte de este momento, parte del movimiento del universo? No tienes que aceptarte a ti mismo, o aceptar este momento, porque ya ha sido aceptado. Ya está aquí, completamente vivo, y ya es como es. 

La ansiedad es como un niño pequeño que ha llegado a tu espacio. No ha venido a arruinarte, o a hacerte daño, sino a despertarte. Simplemente quiere ser reconocido, acogido, sólo quiere ser incluido en la inmensidad de este momento. La ansiedad anhela un hogar. ¿Huirás cuando se presente de nuevo, te distraerás, o finalmente le darás la bienvenida? 

Jeff Foster